La Inmigración y los Hispanos
Mucho tiempo ha pasado desde los disturbios en Francia. Fue increible ver imágenes de destrucción parecidas a cualquier país del tercer mundo, en la avanzada y sofisticada, Francia Socialista. Muchos tratan de pintar a estos criminales y malhechores como jóvenes inocentes, hijos de inmigrantes, victimas de la injusticia y la pobreza. Pero en si, estos son hijos de familias inmigrantes disatisfechos con su estado económico o social. Pero las locuras que se están realizando, no pueden ser más que el resultado de una falla social que empezó y continúa en los hogares de muchos estos jóvenes. Es obvio que las pólizas del gobierno han fracasado, pero de aun más importancia, estos eventos son una lección para nosotros, como hispanos, sobre la necesidad de tomar responsabilidad personal por nuestro bienestar.
Como hispanos, nos encontramos peligrosamente en una situación similar. Basta echar un vistazo a las vecindades hispanas para ver que tanta pobreza estas reflejan. En estas vecindades, personas ilegales demandan derechos del gobierno estadounidense y maldicen el país donde se encuentran. Otros, hijos de inmigrantes, no hacen mas que hablar mal del “maldito güero” que les roba todo y los mantiene en su pobreza. Pero todas estas personas están perdidas en su ignorancia y su irresponsabilidad.
Toda persona, legal o ilegal que se acerca a esta nación, debería entender que si bien vino a esta nación, fue para superarse a través de las muchas oportunidades que este país nos da. Aquellos que hoy se quejan que el gobierno no les da lo suficiente para sobrevivir, deberían recordar que no vinieron para recibir una limosna sino que se acercaron a esta gran nación buscando una oportunidad. Aquellos nacidos de padres inmigrantes, que están enojados con este país, deberían tan solo regresar a la nación de sus padres para darse cuenta de que, aunque imperfecta, esta nación sigue siendo un lugar de oportunidad para todos.
Es tiempo de que nuestras organizaciones comunitarias y nuestros medios de comunicación llamen al pueblo hispano a tomar responsabilidad por su futuro. Los que venimos como inmigrantes debemos recordar que venimos a trabajar y no a que nos mantenga el gobierno. Los hijos de inmigrantes, segunda o tercera generación, deben entender que este país esta lleno de oportunidades para el que esta dispuesto a trabajar duro, y que nada se les dará por regalado. No se puede negar que aun existe racismo o injusticia social, pero vivimos en un tiempo donde los únicos que pueden detenernos de mejorar somos nosotros mismos. No existe fuerza mayor, que pueda detener a un hijo de Dios dispuesto a superarse.
¡A mis hermanos latinos jóvenes les digo, esfuércense, estudien, dejen la pereza! Tienen la libertad de ser tan exitosos como lo deseen, pero el peligro de ser tan pobres como lo decidan. A mis hermanos mayores les pido que “instruyan al niño en el camino que deben seguir” para que nuestra raza pueda mejorar. Al hombre hispano le digo que deje su machismo y que realice su trabajo como padre. Y a la mujer hispana le pido que deje de ser victima, que se supere y que le muestre a sus hijas a buscar lo mejor para sus vidas.
¿Por que enojarnos con el gobierno, cuando nuestros hombres han abandonado a sus mujeres y sus niños? ¿Por qué culpar a nuestro gobierno, cuando nuestros chicos no han aprendido a esforzarse en sus estudios? ¿Por qué voltearnos en contra de la sociedad cuando nunca les hemos enseñado a nuestros chicos a ser buenos miembros de la sociedad? ¿Por qué maldecir esta nación, cuando hemos hecho muy poco por mantener familias fuertes y unidas? Muchos se quejaran de que la pobreza y la falta de recursos son la causa de estos males sociales. Pero no es así. Muchos se han levantado de la nada. La verdadera causa es la pobreza en el corazón.
Desafortunadamente, ni el gobierno, ni las organizaciones comunitarias, tienen el remedio para este mal. Es tiempo de que la comunidad hispana mantenga en alto los valores que nos han traído hasta aquí. La fe en Dios, la unidad familiar, el valor del individuo y la convicción del esfuerzo personal. Estas cuatro cosas les han permitido a muchos hispanos con diversos obstáculos alcanzar cimas muy altas. Y estos valores le prometen el mismo resultado a cualquier persona que se deje guiar por ellos.
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